Julián no soltaba los papeles. Sus dedos apretaban las hojas con tal fuerza que los bordes comenzaron a arrugarse, pero él no se daba cuenta. Sus ojos iban del papel a la nada, haciendo cálculos mentales que no quería que cuadraran.
Según esos registros, la concepción ocurrió en aquella última noche de caos, pasión y deseo desbordado, antes de que Esmeralda desapareciera de su vida para entregarse a otro hombre.
—Es imposible —murmuró Julián, aunque su voz carecía de la firmeza de hace unos min