El rechazo de Julián seguía quemando en la piel de Penélope como si le hubieran arrojado ácido. Mientras conducía hacia el departamento de su madre, sus manos temblaban tanto que apenas podía sostener el volante.
No buscaba una estrategia, ni un plan de contingencia; buscaba a su madre. Necesitaba que Fabiola le dijera que todo estaría bien, que la abrazara y le devolviera un poco de la seguridad que acababa de perder en la mansión Casalins.
Entró al departamento sin llamar, con el alma rota y