La salida de los tribunales fue un descenso directo al noveno círculo del infierno mediático.
En cuanto los pesados portones de madera se abrieron, una marea de cámaras, micrófonos y luces cegadoras se abalanzó sobre el grupo. El estruendo de las preguntas se mezclaba con los gritos de la gente que aún permanecía en las cercanías, ahora volcando su odio contra los Rivas.
—¡Señor Casalins! ¡Una declaración para la prensa nacional! —gritó un reportero, empujando su micrófono casi contra el rostro