El eco de la marcha nupcial rebotó contra las paredes de piedra de la catedral, un sonido que para cualquier otra mujer habría sido el inicio de un cuento de hadas, pero que para Aurora sonaba como una sentencia de muerte. A su lado, sintió la mano de su padre, Hugo, apretándole el brazo con una fuerza innecesaria, casi posesiva.
—No te atrevas a arruinar esto, Aurora —le siseó él al oído, manteniendo una sonrisa falsa para los fotógrafos—. Camina derecha. Al menos hoy, con ese vestido, lograst