El golpe no fue el sonido de los teléfonos. Fue la forma en que todo cambió en cuestión de segundos.
Julián levantó la mirada del celular con los ojos encendidos, la respiración desordenada, como si algo dentro de él hubiera terminado de romperse. No pidió explicaciones. No dudó. Caminó hacia Aurora con pasos firmes, tensos, y cuando estuvo frente a ella, no se contuvo.
—¿Fuiste tú? —le exigió, sin bajar la voz—. ¿Todo esto es obra tuya? ¿Es tu manera de salir corriendo sin ensuciarte las manos