Las palabras de William continuaron torturando a Nahla, repitiéndose en su mente como un disco rayado que le cortaba la respiración. «Necesitaba ese respaldo para hacer que todos caigan».
Cada sílaba era un clavo más en el ataúd de sus ilusiones. Aunque todo empezó con un frío contrato, un documento lleno de cláusulas y firmas sin alma, los últimos días en que ella lo estuvo cuidando habían cambiado las reglas del juego para ella.
En la penumbra de la habitación, mientras le cambiaba las compres