El calor de la habitación parecía haber cobrado vida propia, envolviéndolos en una atmósfera donde el pasado y los planes de venganza se desintegraban.
William la había depositado sobre la cama con una delicadeza que a Nahla le dolía; era como si él tuviera miedo de romperla, o peor aún, de mancharla con la oscuridad que cargaba en el alma. Él se alejó apenas unos centímetros, lo suficiente para que el frío de la duda intentara filtrarse entre sus cuerpos, y esa distancia física se sintió como u