Las sombras de la noche todavía se aferraban a las esquinas del salón, pero el calor que emanaba de ellos dos, era suficiente para incendiar el lugar. El reloj de la pared marcaba una hora en la que el resto del mundo dormía, ajeno a la tormenta que Nahla y William estaban desatando en el encierro del apartamento.
Ella intentó ponerse en pie, buscando recuperar esa postura de mujer de negocios que siempre la protegía, pero el agarre de William en su muñeca fue un ancla imposible de soltar.
—No t