Nahla no fue directamente a su oficina después de la reunión. Se quedó un momento en el pasillo, con la espalda apoyada contra la pared y los ojos fijos en el techo, dejando que el silencio del edificio la ayudara a ordenar lo que tenía adentro.
Una prueba. Eso era lo que necesitaba. Algo concreto, verificable, que no pudiera ser ignorado ni manipulado por quien estuviera detrás de todo esto. El problema era que no sabía por dónde empezar, y esa sensación de estar parada al borde de algo enorme