William no aceptaría un no por respuesta. Esa noche, el aire de la ciudad se sentía distinto, menos pesado, como si el destino les estuviera dando una tregua antes de lanzar el siguiente golpe. Él apareció en la puerta de la habitación con un traje que gritaba poder y una determinación que a Nahla le cortó el aliento. No hubo preguntas, solo una mano extendida y esa seguridad masculina que la desarmaba por completo.
El trayecto fue corto, pero el silencio en el auto no fue el de siempre. Ya no e