El investigador que su asistente consiguió, tenía exactamente el aspecto de alguien que sabe moverse en lugares donde la gente prefiere no mirar.
Darío Casas No era llamativo, no era intimidante, era el tipo de hombre que podía sentarse en cualquier sala y volverse invisible en treinta segundos. Eso, para lo que Nahla necesitaba, era mejor que cualquier credencial enmarcada en la pared.
Estaban reunidos en su oficina desde las cuatro de la tarde. Él tenía una carpeta delgada sobre las rodillas