La fiesta se había apagado poco a poco, dejando solo el eco suave de las últimas risas y el rumor del mar a lo lejos. Las luces ya no brillaban tan alto, pero dentro de la suite que habían reservado solo para ellos, la verdadera celebración apenas empezaba. Valentina cerró la puerta detrás de Alejandro y se quedó un segundo allí, con la espalda apoyada en la madera fresca, mirándolo. Ocho años. Y todavía sentía el mismo cosquilleo en el estómago cuando él la observaba de esa manera.
Él no dijo n