[Horas antes...]
El estruendo del impacto fue seguido por un silencio sepulcral, solo interrumpido por el goteo del combustible y el crujir del metal caliente. En medio de la ladera, el avión parecía un esqueleto calcinado. Vicente recuperó la conciencia con un grito ahogado. Tenía un trozo de fuselaje enterrado en el hombro y la pierna izquierda atrapada, pero el miedo por Valentina fue más fuerte que su propio dolor.
—¡Valentina! —rugió, golpeando el tablero con el puño ensangrentado—. ¡No me