La cena terminó, pero algo en Aurora seguía inquieto, como si la noche aún guardara una sorpresa más. Julián no tomó la ruta hacia la mansión; en cambio, el auto avanzó hacia la pista privada del aeropuerto.
Aurora frunció el ceño.
—¿A dónde vamos? —preguntó, mirando las luces alineadas en la distancia.
El vehículo se detuvo frente a un jet impecable, iluminado como si los estuviera esperando desde siempre. Julián giró hacia ella.
—A nuestra luna de miel. Tres semanas.
Aurora lo miró sin compren