La noche en Virelia parecía detenida en el tiempo. Aurora estaba sentada sobre la arena, con las piernas recogidas, mirando el cielo como si fuera la primera vez que lo veía de verdad.
Las estrellas brillaban con una intensidad que la desarmaba. No eran como las de la ciudad, escondidas, apagadas… estas estaban vivas, cercanas, casi al alcance de la mano.
—Nunca las había visto así —murmuró, sin apartar la mirada.
Julián, a su lado, entrelazó sus dedos con los de ella, acariciando su mano con u