El edificio de Hill Enterprises se alzaba majestuoso bajo el cielo grisáceo de Madrid. Desde la entrada principal, el movimiento era constante: secretarias con carpetas, ejecutivos hablando por teléfono, asistentes que corrían entre reuniones. El aire olía a café y a poder, y entre todo aquel dinamismo, Leah Hill cruzaba el vestíbulo con paso firme, intentando ignorar la sensación de estar entrando en territorio enemigo.
La jornada apenas comenzaba y, sin embargo, el ambiente ya le parecía pes