Tres meses de luz. Tres meses después.
La mañana despertó lentamente en la granja.
El sol apenas comenzaba a filtrarse entre los árboles altos que rodeaban la casa, tiñendo el campo de tonos dorados y suaves sombras. Un gallo cantó a lo lejos, seguido del murmullo del viento moviendo las hojas. Todo era quietud, paz… y un silencio que ya no resultaba extraño.
Leah abrió los ojos con cuidado.
Emily dormía sobre su pecho, tibia y pequeña, con una de sus manitos aferrada a la tela de su pijama