El silencio en la habitación de Leah era distinto esa mañana. No era el silencio apacible que había aprendido a tolerar durante las últimas semanas, sino uno cargado de decisiones. Sobre la cama, cuidadosamente doblada, reposaba una maleta que no solía estar allí. Leah la observaba de pie, con una mano apoyada en el vientre y la otra descansando sobre el respaldo de una silla, respirando despacio, como si cada inhalación le diera el valor que necesitaba.
Había tomado la decisión y no había mar