El día avanza en medio del caos oculto y las decepciones en el corazón. Entre tanto, la llegada de Dulce a Hill Enterprises no fue anunciada.
No hubo llamadas previas, ni mensajes, ni advertencias. Simplemente apareció, como lo había hecho tantas veces en el pasado, con una vianda cuidadosamente preparada entre sus manos y una expresión serena que no lograba ocultar del todo el cansancio que se le acumulaba en el rostro.
La recepción la reconoció de inmediato.
—La señora Hill —susurraron casi con respeto.
Dulce sonrió apenas, una sonrisa tenue, apagada. Sus pasos eran lentos, medidos. Llevaba un vestido claro, demasiado holgado para su figura delgada, y el cabello recogido de forma simple. No había rastro de la mujer radiante que solía deslumbrar en eventos y portadas; en su lugar, había alguien pálida, con ojeras marcadas y una fragilidad que parecía adherirse a su piel.
Kevin se encontraba en una junta.
Una reunión tensa, cargada de cifras, documentos y estrategias. Su mente es