La clínica privada se alzaba silenciosa en medio de la madrugada asiática, demasiado blanca, demasiado pulcra, como si intentara borrar con paredes impolutas la violencia de lo ocurrido una semana atrás. El accidente había sido muy fuerte. Una colisión nocturna en una carretera secundaria, lluvia intensa, visibilidad casi nula. El vehículo había salido de la vía tras un impacto lateral, girando varias veces antes de detenerse contra una estructura metálica. El informe era claro: politraumatismo