El primer llanto de Emily fue apenas un gemido. Leah lo escuchó incluso antes de despertar del todo. Era ese sonido leve, casi ahogado, que solo una madre aprende a reconocer en medio del sueño. Abrió los ojos lentamente. La habitación estaba sumida en una penumbra suave. La lluvia seguía golpeando el techo con constancia, y el reloj marcaba las tres y diecisiete de la madrugada.
Emily.
Leah se incorporó de inmediato. Kevin dormía a su lado, respirando profundo, pero Leah ya estaba de pie ant