Carlos Beira observaba la pantalla de su portátil con una quietud peligrosa.
La habitación del hotel en Milán estaba en silencio, iluminada apenas por la luz azulada del amanecer. Afuera, la ciudad comenzaba a despertar, pero dentro de aquel cuarto solo existían nombres, fotografías y archivos confidenciales.
Kevin Hill.
Leah Presley.
Movimientos bancarios.
Antiguas direcciones.
Contactos empresariales.
Registros de vuelos.
Fotografías de años atrás.
Carlos respiró hondo.
Ha