La tarde avanzaba con una calma casi irreal en la Antigua Mansión Hill. El sol se filtraba por los ventanales altos, bañando el salón de tonos dorados y tibios, mientras el suave tic-tac de un reloj antiguo marcaba un tiempo distinto, uno más lento, más humano. Leah sostenía entre sus manos la pequeña prenda que había comenzado a tejer junto a Isabel; el hilo descansaba ahora sobre su regazo, olvidado por unos segundos, porque había algo en su pecho que pedía salir.
Isabel la observaba con at