La mañana en Valencia amaneció suave, con un cielo teñido de un azul tenue que anunciaba un día cálido, luminoso y perfecto para caminar. Kevin y Leah habían llegado apenas unas horas antes, y aunque el viaje había sido largo, ella se sentía extrañamente ligera, como si el aire mediterráneo hubiera despejado cada una de sus preocupaciones. La ciudad los recibía con calles tranquilas, fachadas claras y ese aroma que mezclaba mar y flores frescas.
Kevin fue quien sugirió salir un rato antes de