Leah cerró la puerta de la granja con un movimiento lento, casi reverente. No miró atrás.
Sabía que, si lo hacía, no avanzaría un solo paso más. Por lo menos venir aquí le esclarece la mente, por lo menos ahora no estaba nublado los pensamientos, no como fueron los días pasados.
El aire de la mañana era frío, húmedo, y le erizó la piel que ya llevaba demasiados días reaccionando al miedo. Caminó con paso firme por el sendero de tierra, ignorando el cansancio que le pesaba en los huesos. Su cu