El reloj marcaba las 11 en punto cuando Kevin Hill empujó la puerta de su oficina.
El sonido del cerrojo electrónico se mezcló con el murmullo lejano de los teléfonos en los otros pisos y el suave zumbido del aire acondicionado.
Había pasado toda la mañana intentando calmar el torbellino interno que le había dejado la reunión con Samuel Alvar.
Ver la mirada de aquel socio sobre Leah lo había enfurecido más de lo que estaba dispuesto a admitir, incluso ante sí mismo.
La puerta se cerró tras él c