Aquel dia, Singapur amanecía envuelta en una claridad distinta.
No era solo la ciudad, no eran los rascacielos reflejando el sol como espejos perfectos ni la armonía exacta entre lo moderno y lo ancestral. Era Leah quien parecía distinta. O quizás, por primera vez en mucho tiempo, estaba exactamente como debía estar.
Habían pasado tres días desde su llegada.
Tres días en los que el mundo no la había empujado, no la había exigido, no la había roto.
Leah despertaba temprano, incluso sin propo