El amanecer llegó con un matiz dorado sobre los muros de piedra de la Villa La Matilde. El aire fresco del Jardín se filtraba entre las cortinas del gran ventanal, trayendo consigo el aroma a tierra húmeda y a flores silvestres que bordeaban el camino principal. En el interior, la calma era solo aparente; bajo aquel techo, el silencio escondía una tensión tan densa que podía cortarse con un suspiro.
Leah descendió las escaleras con paso sereno, enfundada en un elegante traje negro que realzaba