El portazo resonó por toda la villa, haciendo eco en los pasillos silenciosos. Kevin caminó con paso firme por el corredor, sus hombros tensos y su mandíbula apretada. Cada palabra de Leah en el desayuno seguía clavada en su mente como una aguja envenenada. “Tu presencia contamina el aire.” Esa frase le martillaba el pensamiento una y otra vez. La había escuchado tan claro, aunque no se lo había dicho de frente, él ha escuchado el susurró de las palabras de ella.
Abrió la puerta del despacho y