La música envolvía el salón con una elegancia calculada, cuerdas suaves y notas profundas que parecían flotar entre los invitados como un susurro constante. Kevin observó el reloj apenas un segundo antes de inclinarse hacia Leah.
—Voy a saludar a un socio —le dijo en voz baja—. ¿Vienes conmigo?
Leah levantó la mirada, y por primera vez en toda la noche dejó escapar un suspiro que no era de admiración, sino de cansancio.
—No… —respondió con suavidad—. Estoy un poco agotada. Te espero aquí.