—Ahora —dijo. Mein Ling—, el sellado de los votos.
Wei tomó las manos de Clara, las cuales estaban envueltas en la seda de sus mangas, donde los lotos bordados brillaban bajo la luz de las linternas.
—Clara, ante estos ancestros y ante todos los que nos rodean, dejo de ser el Dragón que vive para el poder. Hoy elijo ser el hombre que vive para tu sonrisa. Prometo ser tu escudo cuando el mundo sea cruel, tu calma cuando tu mente se agite y tu hogar cuando el camino se sienta largo. Si tu enferme