La oficina del Inspector Rivas olía a café viejo y formalidad fría. Andrea estaba sentada en una silla de madera, retorciendo un pañuelo entre sus manos sudorosas. Cassandra permanecía a su lado, con el rostro serio pero manteniendo una calma que a Andrea le resultaba inquietante. Jessica observaba todo desde la esquina, con una media sonrisa imperceptible; ella sabía perfectamente dónde estaban Marta y Clara en ese mismo instante.
Rivas dejó un bloc de notas sobre el escritorio y miró a Andrea