La noche había caído con fuerza sobre la residencia norte del ala de Nueva York. El viento soplaba entre los pinos, pero dentro de la suite principal, la calefacción mantenía un ambiente cálido, iluminado solo por la luz tenue de las lámparas de noche.
Elizabeth se encontraba frente al tocador, usando un cepillo de plata para desenredar su largo cabello. Llevaba una bata de seda negra, corta y suave, que apenas rozaba la mitad de sus muslos. Había dejado la puerta entornada, esperando.
De pront