Cuatro meses habían transcurrido desde aquella noche mágica e intensa en la que la pequeña Yang llegó al mundo para derretir el invierno de la dinastía Ling. La cabaña del norte se había convertido en un verdadero santuario de paz y recuperación. La bebé Yang crecía hermosa, rodeada del amor devoto de Arrieta y de la protección imperial de Mein Ling. Durante ese tiempo, el vientre de Clara había florecido de una manera espectacular; a sus ocho meses de embarazo, lucía una imponente, redonda y h