Los primeros rayos del sol de la mañana se filtraron tímidamente a través de los pesados ventanales de madera de la cabaña, disipando la densa oscuridad de una noche plagada de adrenalina y pasiones contenidas. El bosque del norte, ahora completamente pacificado bajo el ala de la alianza, lucía una calma engañosa. En el interior de la suite principal, la atmósfera era suave, impregnada de un calor íntimo. Clara se encontraba recostada contra las mullidas almohadas, amamantando con total devoció