En el porche de su residencia privada, la noche era fresca y estrellada. La pequeña bebé Yang ya dormía plácidamente en su cuna, dejando que sus padres disfrutaran de un momento de paz inusual.
Arrieta se acercó por la espalda a Mein, quien observaba el horizonte con su habitual elegancia imponente. Él la rodeó con sus brazos fuertes, pegando su pecho a la espalda de la matriarca y depositando un beso tierno en su cuello. Mein se relajó de inmediato en su agarre, entrelazando sus dedos con los