El pasillo del hospital se sentía más frío de lo normal. Mientras Ángelo y Cassandra se alejaban unos metros para dar espacio, Wei se hundió en una silla de la sala de espera, sintiendo que las paredes se cerraban sobre él. El silencio era su peor enemigo, porque en ese vacío solo resonaban las palabras de Arrieta y el eco de la noche anterior.
Wei se tapó la cara con las manos, sintiendo el peso de una culpa sofocante. "Es la segunda vez", pensó con amargura. La primera fue el inicio de todo e