Lucyano soltó el agarre de su mano en el brazo de Alrana tan pronto como llegaron a la puerta cerrada de la sala de fotografía. Abajo, el alboroto por la llegada de Sofía Navarro podría seguir en curso, pero el hombre parecía tener una habilidad extraordinaria para desconectar su atención. Para él, Alrana era el proyecto principal. Su futuro. Una obra maestra que no debía tener el menor defecto.
"Entra. Madame Varga te espera con tu traje de debut. Recuerda la regla principal: no hables a menos que te pregunten," dijo Lucyano con una voz baja y amenazante.
Alrana solo miró la puerta de acero con una mirada vacía. Su cuerpo avanzó como una máquina programada. En la espaciosa habitación iluminada por deslumbrantes focos, el aroma de perfume caro se mezclaba con el olor a cuero y metal. Madame Varga estaba de pie en el centro de la habitación, rodeada de una fila de maniquíes que vestían atuendos negros muy inusuales.
"Finalmente, nuestro preciado activo ha llegado," Madame Varga sonrió