Llegó en un taxi, luego de media hora, al lujoso hotel. Entró al enorme hall en tonos plateados y caminó con sus tacones negros, por el piso de mármol, hasta la recepción.
— Vengo a una fiesta de cumpleaños – le dijo a la recepcionista sacando la invitación del pequeño clutch.
— Se celebra en el salón 3, por este pasillo a la derecha – le indicaron y Carlotta siguió la ruta hasta llegar a dicho salón.
Estaba alerta, en todo momento, sabía muy bien que no la habían invitado para nada bueno.
— Ho