Entró casi a oscuras en el salón lleno de pequeñas cunas y bebés durmiendo, caminó rápido, en puntillas, hacia donde estaba el bastardo Vallucci envuelto en unas mantas, dormido y prácticamente lo que se veía era la mata de pelo negro.
Estiró la mano para verle mejor la cara, pero un ruido dentro de la zona del baño, la hizo precipitarse en agarrar al niño y sacarlo del cunero.
Llego a la salita donde limpiaba, se agachó con cuidado y lo colocó entre las sábanas sucias que cambiaba en las camas