El morbo del momento se fue a volar por la ventana.
Carlotta reaccionó primero, tapándose los senos con las manos y levantándose con torpeza para recoger la bata sobre la alfombra y ponérsela.
A Stefano, en vez de nerviosismo, lo que le daría, sería un dolor terrible en las pelotas.
Miró a su entrepierna, bien abultada, la polla casi afuera y con restos húmedos del coño de la Duquesa.
Debería tener ahora mismo cargo de conciencia por haber estado a punto de romper su promesa con Valentina,