Carlotta, que la mayoría de las veces hablaba más rápido de lo que pensaba, se preguntaba, ahora en qué se había metido.
Iba en un auto normalito, incluso medio viejo, de esos que nunca se imaginó ver al Duque conducir.
Bueno, no al Duque, sino al “señor” con bigote y peluca que iba a su lado.
Ella también llevaba una peluca de rubia, ¿de dónde el Duque habría sacado estos accesorios tan rápido?
— Ya deja de mirarme como si fuese un payaso – Stefano le dijo sin quitar su vista de la carretera.