Su vista se dirigió de golpe a la rendija debajo de la puerta de madera, de donde salía una fina estela de humo.
¡Algo se estaba quemando allá dentro y eso era muy peligroso!
— ¡Carlotta, Carlotta! – comenzó a llamarla, entrando un poco en pánico, corriendo de nuevo a la puerta e intentando forzarla.
¡BAM, BAM, BAM!
Traqueaba la vieja madera, pero la manija oxidada con el candado no cedía.
— ¿Quién mierd4 cerró esto con candado?, ¡Maldici0n!
Stefano le dio la vuelta a esta casona grande