David
—Eres un tremendo imbécil —me dice Gustavo cuando viene a verme.
—Gracias, estoy bien —respondo con sarcasmo.
—A mí no me vengas con eso. Ámbar…
—¡Hijo! —exclama mi madre al entrar a mi habitación—. Por fin pude llegar, estaba…
—Sí, comunicándote con los medios para que vinieran a cubrir la noticia de que estoy postrado en cama y que mi prometida falsa me cuida, ¿verdad? —le pregunto irónicamente.
—No seas irrespetuoso —me reprende—. No me enteré de lo que pasó hasta la madrugada, y bue