David
Ámbar, Ada, Daniel. Esos tres nombres se repiten en bucle, causándome angustia en medio de la intermitente oscuridad y luz que asoman por mis ojos. Solo tengo conciencia de que estaba en mi auto, y de repente me encuentro rodeado por tantas personas que resulta abrumador. Algunas me pasan lámparas por los ojos, causándome dolor, mientras que otras trabajan en mis piernas, provocándome un deseo de enorme de matarlos.
Si sobreviví, voy a quedar como un vegetal como mínimo. No hay manera de