Ámbar
Al abrir los ojos, el dolor no tarda en llegar. Si alguien me hubiera dicho antes que podía doler hasta las pestañas y las uñas de los pies, habría pensado que era una exageración.
Hoy descubrí que sí es posible disfrutar de un sexo tan violento. Después de que me dijera que no me dejaría ir, me hizo cosas que nunca pensé que alguien me haría.
Ni siquiera pensé en mi despecho. Era como si David y Jerónimo se hubieran vuelto uno solo, haciéndome olvidar mis culpas.
No puedo evitar reírme