Ámbar
Después de que se fue David, no pude hacer más que llorar en los brazos de Anastasia. No pude encontrarle las palabras para explicarle lo que pasó, pero ella, de algún modo, ya lo sabía, así como también Joshua, que también trató de consolarme.
Pero simplemente, nada ni nadie puede consolarme. El dolor que me causó David con sus dudas hirió de manera permanente mi alma. Habría entendido que dudara por sí mismo, considerando todo lo que supo y confirmó de mí, pero no que una llamada camb