David
—Tú no sabes ni una m****a —le digo, tomándolo por el cuello de la camisa—. Eres un malnacido, una escoria, un…
—Ten cuidado —sonríe, sin señal alguna de que intentará defenderse—. No me uses como un espejo, o podría cortarte más que la herida que ya tienes en la frente.
—Imbécil —digo, soltándolo con brusquedad—. ¡Vete al infierno!
Mientras me dirijo a mi auto, intento comprender cómo es que Ámbar pudo haber puesto sus ojos en Joshua, quien parece disfrutar de los problemas que existen