Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire en la sala de partos del hospital de Basilea no era el mismo que el de la última vez. No había el terror helado de la neurocirugía, pero la tensión era una cuerda de piano a punto de romperse. Isabella apretaba mi mano con una fuerza sobrehumana, su rostro bañado en sudor y determinación. El doctor Aris y el equipo de neonatología estaban posicionados, listos para recibir a la pequeña que había decidido llegar tres semanas antes de lo previsto.
—¡Un último esfuerzo, Isabella!






