El sol de la mañana entraba con fuerza en el hangar de la Estación 314, pero el ambiente no tenía nada de la calidez de la noche anterior. El cambio de turno había sido puntual y Gabriel, con el uniforme impecable y la expresión de granito, ya estaba dirigiendo el entrenamiento físico.
Isabella apareció con el cabello recogido en una trenza tirante y el uniforme de trabajo ajustado. No hubo miradas cómplices, ni sonrisas "estúpidas", ni rastro del vestido ámbar. Parecía que el beso en la playa